Zala tiene nombre
Dag Svensson muere por acercarse demasiado a Zala, y Bjurman, que tenía vínculos con él, también. Mientras la policía busca a Lisbeth, ella sigue sola la pista hasta una casa aislada cerca de Gosseberga, donde Zala vive escondido con Niedermann, y descubre la verdad: Zala es Alexander Zalachenko, exespía soviético que desertó a Suecia, dirige una red de trata y es su padre. Era él quien golpeaba a la madre de Lisbeth, y fue a él a quien Lisbeth, todavía niña, prendió fuego dentro de un auto. El gigante Niedermann, que mató a Dag, a Mia y a Bjurman por orden suya, es hijo de Zalachenko, y el propio padre se lo cuenta en la granja. Lisbeth graba la conversación con un teléfono escondido y sube la confesión a internet. El padre le dispara y la entierra viva. Ella sale de la fosa y le clava un hacha en la pierna.