El rostro de Ryker
Ortega ya había cerrado la muerte de Laurens Bancroft como suicidio cuando Kovacs aparece para investigarla. El problema es el cuerpo que usa: el de Elias Ryker, policía, excompañero y exnovio de ella, preso por un crimen. Ortega empieza a seguirlo y hasta le pone un rastreador. En el trabajo, ve los stacks como una herramienta: un muerto que vuelve puede contar quién lo mató. En casa, la conversación es otra. Su madre, Alazne, es una neocatólica devota; Ortega se alejó de la religión después de perder a su padre muy pronto, pero sigue cerca de su familia. Para ella, Kovacs es un extraño que usa el rostro del hombre que amaba.