El plan
Hans llega al Nakatomi Plaza con un equipo, en la noche de Navidad. Lleva un traje bien cortado, acento europeo y aire de quien ya ganó. Finge ser un terrorista con exigencias políticas, para que la policía y el FBI le crean. Lo que de verdad quiere son los bonos al portador guardados en la bóveda del edificio. Theo, el hacker del grupo, se encarga de las bóvedas, y Karl, que quiere vengar a su hermano Tony, se vuelve su mano derecha. Cuando el ejecutivo Takagi se niega a dar la clave, Hans demuestra que no está bromeando.