El peso de una pila
Regan crece en una granja aislada en Nueva York, donde la familia se comunica en lengua de señas y camina por senderos de arena. Carga una culpa que nadie dice en voz alta: su hermano menor, Beau, murió tras encender un juguete ruidoso. Regan se lo había devuelto, y él tomó las pilas a escondidas.
Su padre, Lee, pasa las noches intentando armar un aparato que la haga oír. Ella cree que solo quiere arreglar a su hija y que nunca la perdonó. Cuando el ataque llega a la granja, Regan descubre que el zumbido agudo del aparato lastima a la criatura. Lee, herido, le indica con señas que siempre la quiso y se ofrece como señuelo. Antes de eso, ella y Marcus subieron a un silo de maíz para encender una fogata de señal. Marcus cayó adentro, Regan saltó tras él, y el aparato, encendido sin querer, hizo retroceder a la criatura. Regan vuelve a casa con lo que aprendió.